FIFA obliga a liberar, pero no a responder: el verdadero coste del Virus FIFA.
- José Carlos Pineda Medina
- 1 may
- 9 min de lectura
Este 2026 como todo mundo sabe es “año mundialista”, y considero oportuno hacer este análisis antes del inicio del evento deportivo más esperado.
Este macro evento genera una expectativa de rendimiento superior a cualquiera, es un evento que se da cada 4 años y por ello todos los futbolistas quieren participar, y los que lo hacen desean hacer un desempeño excepcional, para algunos representa el objetivo más importante en su carrera profesional, para la gran mayoría representa la vitrina más grande que el futbol puede ofrecerles para mejorar su situación contractual, y desde luego, todos los aficionados se benefician de ello, pues el nivel futbolístico que se disputa en esta competición es del más alto nivel, pero empieza a ser recurrente en los últimos mundiales que muchos futbolistas de gran calidad se pierden de participar en la copa del mundo por culpa del “Virus FIFA”.
El “Virus FIFA” para aquellos que no estén tan familiarizados es el fenómeno que se da cuando los futbolistas se lesionan debido a las Fechas FIFA (partidos obligatorios de selección), es muy común en la actualidad que jugadores de la calidad como Raphinha sean propensos a lesionarse debido a las distancias que deben de recorrer para cumplir con la obligación de representar a su país, y si, es una obligación por parte de los futbolistas acudir a las convocatorias de estas Fechas FIFA, esta obligación está fundamentada en el artículo 1 del anexo 1 del RETJ, que textualmente dice:
“Los clubes se obligan a liberar a sus jugadores inscritos en favor de los equipos representativos del país para el que tienen derecho a jugar debido a su nacionalidad, si la asociación en cuestión convoca al jugador. Se prohíbe cualquier acuerdo divergente entre un jugador y un club.” 1
Además de ser una obligación el acudir a estos partidos, está completamente prohibido que el jugador y el club estén de acuerdo en eludir su participación en dichas Fechas FIFA, y para comprender mejor el porqué de esta situación debemos de conocer la relación jurídica entre los clubes y las asociaciones nacionales, las cuales se rigen por un principio de obligatoriedad administrativa (las asociaciones nacionales están obligadas a cumplir y hacer cumplir el reglamento de la FIFA), y este principio suspende temporalmente el control del club sobre su jugador (no hay que olvidar que el que paga el sueldo del futbolista siempre es el club y es este quien tiene toda la responsabilidad financiera).
Entendido lo anterior, puede advertirse que la susceptibilidad de los futbolistas al denominado “Virus FIFA” responde, principalmente, a la concurrencia de diversos factores estructurales y competitivos, entre los que destacan:
La alta exigencia derivada de calendarios deportivos saturados, con una acumulación constante de partidos en periodos reducidos de tiempo;
El desgaste físico y fisiológico ocasionado por los continuos desplazamientos nacionales e internacionales, especialmente aquellos vinculados a convocatorias con selecciones nacionales;
La obligatoriedad reglamentaria de acudir a las convocatorias oficiales de las denominadas Fechas FIFA, lo que limita la posibilidad de dosificar cargas de trabajo y recuperación por parte de los clubes y de los propios jugadores.
Dese luego que el mayor problema que se desprende del “Virus FIFA” es la lesión del futbolista, la integridad física de cualquier ser humano siempre será lo más importante, sin embargo, el deporte y sobre todo el futbol hace muchas décadas que dejo de ser solo deporte, ahora también es un negocio multimillonario, por lo que este fenómeno afecta directamente al club, no solo en el tema deportivo ya que sus mejores jugadores (nivel selección) se encuentran inhabilitados para jugar, sino que también se ven afectados financieramente, ya que los jugadores son activos para todos dentro del ecosistema del futbol, y que un futbolista se lesione significa pérdida económica, pero quien realmente sufre las consecuencias siempre es el club.
Prueba de ello es el más reciente índice de lesiones en el fútbol masculino europeo publicado por Howden (grupo intermediario de seguros global), el cual revela que en los últimos cinco años se registraron 22,596 lesiones en las cinco principales ligas masculinas de Europa y que, durante la temporada 2024/2025, el incremento de lesiones continuó afectando de manera significativa a los clubes de élite, generando costes millonarios derivados de la ausencia de futbolistas, pago de salarios durante periodos de incapacidad y la pérdida de rendimiento deportivo. El informe destaca que clubes como Bayern de Múnich, París Saint-Germain y Real Madrid registraron costes superiores a los 40 millones de euros en una sola temporada, siendo especialmente relevante el caso del Real Madrid, que acumuló en los últimos cinco años un coste total por lesiones de 168.76 millones de euros.
Asimismo, se advierte una especial incidencia en jugadores menores de 21 años, particularmente en la Premier League, donde los delanteros de dicha edad sufrieron una lesión cada 120 minutos de fútbol competitivo, evidenciando que la sobrecarga de partidos, los desplazamientos constantes y la exigencia derivada de los compromisos internacionales representan una afectación real tanto al patrimonio deportivo como económico de los clubes. 2
Ahora podemos ver con cifras reales que es un problema sumamente delicado para los clubes de elite que tiene la obligación de ceder a sus mejores futbolistas para que vayan a la convocatoria de sus respectivas selecciones, sabiendo que probablemente durante la temporada los jugadores estén en constantes lesiones que los mantengan fuera de competición, provocando una baja en el rendimiento deportivo y pérdidas millonarias.
La FIFA sabe perfectamente las consecuencias de estas Fechas FIFA, es por ello que implementó el denominado "Programa de Protección de Clubes de la FIFA”, un mecanismo de naturaleza indemnizatoria que funciona materialmente como un sistema de cobertura similar a un seguro para los clubes, aunque técnicamente no constituye una póliza privada contratada por cada club, sino un programa institucional de protección financiado y administrado por la propia FIFA. Su finalidad consiste en compensar económicamente a los clubes cuando un futbolista profesional sufre una lesión mientras se encuentra convocado con su selección nacional absoluta, siempre que dicha lesión le provoque una incapacidad total temporal superior a 28 días consecutivos.
La indemnización se calcula exclusivamente sobre el salario fijo del jugador, sin incluir primas, bonos, variables, derechos de imagen ni pagos extraordinarios y establece un máximo de 7,500,000 euros por futbolista y por accidente, con un límite diario de 20,548 euros y un periodo máximo indemnizable de 365 días, excluyéndose expresamente los primeros 28 días de incapacidad como periodo de carencia. Asimismo, el programa tiene un límite global anual de 80,000,000 de euros. Es interesante comentar que no existe cobertura por incapacidad permanente total, fallecimiento, enfermedades comunes ni gastos médicos de tratamiento, lo que evidencia que la protección se encuentra estrictamente limitada a la pérdida salarial temporal del club y no al daño integral derivado de la lesión. 3
Desde una perspectiva crítica, aunque este programa representa un avance importante en la protección patrimonial de los clubes, resulta insuficiente para reparar de forma completa los efectos reales del “Virus FIFA”, ya que la pérdida sufrida por el club no se agota en el salario del futbolista lesionado. Como ya lo he mencionado anteriormente la ausencia de un jugador clave implica también pérdida de rendimiento deportivo, disminución de competitividad, afectación en resultados, depreciación del valor de mercado del jugador, posibles consecuencias contractuales con patrocinadores y, en casos extremos, la frustración de objetivos deportivos con repercusiones económicas mucho mayores, como clasificaciones internacionales, premios por rendimiento o ingresos por derechos audiovisuales.
En consecuencia, aunque la FIFA reconoce el problema mediante este programa, la indemnización sigue siendo parcial y no alcanza a cubrir el verdadero impacto económico que asumen los clubes por lesiones producidas bajo el control de las selecciones nacionales.
El problema no termina aquí, sino que cuando existe una lesión el futbolista entra en un verdadero conflicto de elección, como se describió antes, el Mundial no es solo un “evento”, es el antes y después en la carrera de todos los futbolistas, en la historia de los clubes y del deporte, porque se marcan momentos que definen el camino de la industria, y un jugador siempre querrá jugar la copa del mundo, pero es consciente que los clubes son quienes pagan su salario, es por eso que cuando el cuerpo médico de un equipo discrepa en opiniones profesionales con los del cuerpo médico de la selección nacional el jugador se ve obligado a elegir entre “mama” y “papa”, cosa que no es para envidiar.
Y es que, en ninguna circular, reglamento y/o disposición de la FIFA expresamente indica que equipo médico tiene mayor peso respecto a una decisión, dejando en una completa indefensión a los clubes, puesto que los jugadores al ser deportistas de alto rendimiento con una mentalidad sumamente competitiva siempre buscan jugar todos los partidos (como es de esperarse), y más cuando se trata de jugar la copa del mundo.
Un ejemplo que podemos citar aquí es el del futbolista francés Samuel Umtiti, ya que constituye un ejemplo paradigmático de cómo la ausencia de una regulación clara respecto de la prevalencia del criterio médico entre club y selección puede generar consecuencias deportivas, económicas y jurídicas de enorme magnitud, su decisión unilateral priorizando la cita mundialista sobre las recomendaciones del club, puede terminar en una catástrofe profesional y financiera.
Como bien señala el periodista Albert Masnou en su análisis para el diario Sport:
"No hizo caso a los médicos del Barça de operarse ese verano porque eso implicaba darse de baja del torneo de selecciones. Estaba avisado del riesgo que corría. Pero para él primó el Mundial... Las consecuencias fueron duras, el precio a pagar inmenso, porque desde ese momento solo pudo jugar 88 partidos de fútbol más". 4
Este supuesto evidencia que, en muchas ocasiones, el futbolista de alto rendimiento movido por la competitividad, la relevancia deportiva del evento y el deseo legítimo de representar a su selección nacional puede optar por asumir riesgos médicos que, aunque beneficiosos en el corto plazo, terminan produciendo consecuencias severas tanto para su salud como para su estabilidad profesional. No obstante, los efectos de estas decisiones no recaen exclusivamente sobre el jugador, sino también sobre el club empleador, que continúa soportando obligaciones salariales elevadas, asume el deterioro patrimonial derivado de la pérdida de valor deportivo del futbolista y enfrenta las consecuencias contractuales de una incapacidad prolongada.
Es claro que la regulación actual no puede quedar al arbitrio de la épica deportiva o de la mentalidad competitiva del jugador, se requiere un marco normativo que otorgue mayor peso a los dictámenes médicos del club empleador o, en su defecto, un sistema de responsabilidad civil donde la federación o el propio seguro de FIFA asuman una compensación mayor cuando se demuestra que el jugador forzó su físico contraviniendo las advertencias de quienes sufragan su ficha.
Este caso, nos demuestra la importancia de la “ventana de liberación” regulada en el miso articulo 1, párrafo 4 del anexo 1 del RSTJ, en donde se establece el periodo durante el cual los clubes están obligados a ceder a sus jugadores a las selecciones nacionales, la finalidad de esta regulación responde a la necesidad de garantizar la integridad y el correcto funcionamiento del fútbol internacional, sin embargo, precisamente ahí surge el problema: aunque la obligación de liberar está claramente regulada, la normativa FIFA no establece con igual precisión qué ocurre cuando existe discrepancia entre el criterio médico del club y el de la selección respecto de la aptitud física del jugador.
La ventana de liberación, por tanto, protege el interés institucional de las selecciones, pero no resuelve adecuadamente la protección jurídica del club frente al riesgo médico-deportivo, es precisamente sobre esta insuficiencia regulatoria donde debe construirse una propuesta innovadora.
Resulta necesario incorporar un mecanismo normativo complementario que permita determinar, bajo criterios objetivos, cuándo debe prevalecer la opinión médica del club, cuándo corresponde la intervención de un órgano médico independiente y cómo deben distribuirse las responsabilidades derivadas de una eventual agravación lesional. Aquí radica el verdadero espacio de reforma.
En otros sistemas deportivos, particularmente en ligas norteamericanas como la National Football League (NFL), esta problemática encuentra respuesta en la aplicación del principio del duty of care 5, entendido como el deber reforzado de diligencia que asume quien ejerce control efectivo sobre la integridad física de un deportista profesional.
Lo que hace la FIFA es más bien un parche financiero, donde se cree da esta ilusión de estar protegiendo a los clubes cuando en realidad solo los perjudican aún más, por lo que este principio de duty of care entra como anillo al dedo porque las asociaciones nacionales asumirían la custodia legal y el deber de cuidado del activo del club. Esto implica que las federaciones no solo recibirían al jugador para que juegue, sino que se convertirían en garante de su integridad física frente a negligencias particularmente en materia de cargas de trabajo, protocolos médicos, decisiones de retorno a la competición y prevención de agravación lesional.
Bajo esta lógica, si la federación somete al futbolista a exigencias competitivas desproporcionadas, desatiende recomendaciones médicas objetivas podría configurarse una responsabilidad por incumplimiento del deber de diligencia, habilitando al club a reclamar una indemnización más amplia que la actualmente prevista en "Programa de Protección de Clubes de la FIFA”.
Al final debemos comprender que el debate sobre el “Virus FIFA” no debe entenderse como una guerra de trincheras entre clubes y federaciones, sino como un llamado a la coherencia sistémica. No es razonable, ni jurídicamente sostenible que en pleno 2026 la normativa exija la liberación obligatoria de un futbolista sin que esa transferencia de control vaya acompañada de una transferencia de responsabilidad.
Humanizar el fútbol significa entender que, detrás de los activos de cien millones de euros y de las pólizas de indemnización, hay un deportista cuya carrera es finita y cuya integridad física es el motor de toda la industria. La incorporación del duty of care en el reglamento de la FIFA no es un obstáculo para el romanticismo de las selecciones nacionales; es, por el contrario, la red de seguridad que garantiza que ese romanticismo no se convierta en una tragedia profesional para el jugador y en una crisis financiera para el club.
Es momento de que la FIFA trascienda el modelo de los "parches" económicos y lidere una reforma que priorice la prevención técnica sobre la indemnización reactiva. Solo cuando el riesgo sea compartido de forma justa y el deber de diligencia sea la norma, podremos decir que el fútbol internacional protege verdaderamente a sus protagonistas. El Mundial de 2026 está a la vuelta de la esquina y el espectáculo más grande del mundo merece ser jugado bajo las reglas de la mayor seguridad jurídica posible, para que todos los futbolistas se sientan protegidos y puedan disputar el torneo y regalarnos el mejor espectáculo posible.
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